The bus project. 8" x 8". Self-published fanzine distributed for free at bus shelters and streets of the Phoenix Metro Area, Arizona, a city with a strong car culture. The idea was born by my frustration trying to move through the valley without a car, using a transit system whose dysfunction and idiosyncrasies seem endemic to most urban areas in the American Southwest. The project attempts to give a face to the urban landscape through dialogue and portraits of the people who move through it. Transportation infrastructures have a role in the creation of “The Public”. They make it visible, give it form, and locate it in predictable and controllable spaces. They also channel it, authorizing paths of movement through otherwise disorderly environments. The concept of “The Public” is usually so faceless, normative and bland, that we often lose sight of the people who are a part of it. Riders of buses are not mere “users” with interchangeable values and needs. They have faces, feelings and voices, personal histories, social networks, job obligations and family needs. Understanding how riders interact with the urban landscape cannot be reduced to: “People use buses.” Using the bus means actively and critically engaging with an array of material and abstract entities: Boarding a vehicle, paying a fare, reading a schedule, scrutinizing a map, following a route, or two or three, tracking time, seeking shelter from the sun or the rain, speaking to, or avoiding, other passengers. These small, interlocking events are what keeps the city and its public alive and in motion.

Proyecto autobús. 20 x 20 cm. Fanzine auto publicado y distribuido gratuitamente por las paradas de autobús y calles del área metropolitana de Phoenix, Arizona, una ciudad con una enorme cultura del automóvil. La idea surgió de la frustración que sentí al intentar moverme por la ciudad sin coche, usando un sistema de tránsito cuya disfunción e idiosincrasias parecen comunes a la mayoría de zonas urbanas del sudoeste americano. El proyecto intenta poner cara al paisaje urbano a través de diálogos y retratos de la gente que lo transita. Las infraestructuras de transporte contribuyen a la creación del concepto de "lo público". Lo hacen visible, lo dan forma y lo colocan en lugares predecibles y controlables. También lo canalizan, autorizando vías para el movimiento en entornos que sino serían desordenados. El concepto de "lo público" normalmente no tiene rostro, y es tan normativo y moderado que con frecuencia perdemos de vista a la gente que lo compone. Los viajeros de autobús no son meros "usuarios" con valores y necesidades intercambiables. Tienen caras, sentimientos y voces, historias personales, redes sociales, obligaciones de trabajo y necesidades familiares. Entender como los viajeros interactúan con el paisaje urbano no se puede resumir en: "la gente usa autobuses". Utilizar un autobús significa interactuar con muchas entidades físicas y abstractas de forma activa y crítica: subirse a un vehículo, pagar un billete, leer un horario, entender un mapa, tomar una ruta, o dos, o tres, controlar el tiempo, buscar protección del sol o la lluvia, y hablar, o evitarlo, con otros pasajeros. Estos pequeños y conectados eventos son los que mantienen a la ciudad y a lo público vivo y en movimiento.